son los que un viento inclina sobre los naufragios perdidos sin mástiles, sin mástiles ni islas fértiles ¡pero, oh corazón mío, escucha el canto de los marineros! stéphane mallarmé
un laberinto asfixiante en el que por más que caminara siempre estaba en el mismo lugar algo me atrajo, quizá la incertidumbre o mi propio miedo, y me largué a correr hacia cualquier parte osvaldo soriano